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Lecturas
Dificultades en el manejo del estado de ánimo:
La depresión
Bibliografía Curso de Acompañante Terapéutico. 2008
El sentirse deprimido es algo que les sucede a todas las personas ocasionalmente. Generalmente este sentimiento es pasajero, está vinculado a determinadas circunstancias y no acarrea dificultades importantes en la vida cotidiana de quien lo padece. Pero a veces la depresión puede convertirse en un problema serio. En estos casos el sufrimiento persiste, pese a todos los intentos que se hagan para “sacársela de encima”, y comienza así a convertirse en una entidad con nombre y apellido: síndrome depresivo. Este síndrome puede evolucionar de diferentes maneras y tomar diversas formas. Puede ser el único problema que padece la persona o acompañar a otros tipos de problemáticas, como en el caso de enfermedades crónicas (ej. Parkinson, cáncer, diabetes), problemas familiares (divorcios, enfermedad de un hijo), problemas en el desarrollo personal -sentirse estancado en la vida-, o trastornos psicológicos severos (Trastorno Bipolar, Esquizofrenia).
Existen diversos tipos de depresión, y las causas, tratamientos y pronósticos suelen ser diferentes también. De todas maneras, es importante conocer determinados aspectos generales que están presentes en la mayoría de los síndromes depresivos, ya que estos nos permitirán una detección precoz y una puesta en marcha de recursos de ayuda.
Componentes de un síndrome depresivo:
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Síntomas anímicos: predominantemente el sentimiento de tristeza, aunque también puede haber irritabilidad, sensación de vacío o nerviosismo. A veces pueden sentirse incapaces de tener ningún sentimiento.
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Síntomas motivacionales y conductuales: estado general de inhibición, apatía, indiferencia, poca capacidad para disfrutar, enlentecimiento generalizado.
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Síntomas cognitivos: dificultades en la memoria, la atención y la capacidad de concentración. Ideas negativas acerca de sí mismos, el entorno y el futuro. Autodesprecio, pérdida de autoestima, autoculparse.
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Síntomas físicos: problemas del sueño (insomnio o hipersomnia), fatiga, pérdida de apetito, disminución de la actividad y el deseo sexuales. Molestias corporales difusas.
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Síntomas interpersonales: menos interés por la gente por parte del paciente; las personas que los rodean suelen sentir rechazo y cansancio porque sienten que el paciente “no pone voluntad” para estar mejor.
¿Cómo podemos darnos cuenta de que una persona está deprimida?
Existen ciertos indicadores que pueden servirnos de guías.
Indicadores de depresión:
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Del aspecto físico: expresión facial de tristeza, o rostro inexpresivo. No sonríen o lo hacen con esfuerzo y por poco tiempo. Pueden parecer dejados, en su higiene personal y en su vestimenta.
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De la conducta: se mueven poco, y el movimiento puede ser lento. Parecen cansados. Colaboran poco con las tareas que se les proponen, como si les costara mucho esfuerzo hacer cosas. Les cuesta prestar atención, por eso cuando otra persona les habla puede parecer que están “en otra cosa” y que no les interesa. A veces pueden mostrarse inquietos (lo cual es un signo más preocupante porque puede llevar a conductas autolesivas).
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De los pensamientos: tienen una visión negativa de las cosas. Con respecto a sí mismos, no se sienten satisfechos ni de sus logros, ni a veces de su personalidad, mostrando una baja autoestima. Tienden a sentirse culpables por muchas cosas (atribución interna: atribuyen las situaciones negativas que viven a algo que ellos provocaron, y las positivas a factores externos como la suerte). Con respecto a las personas y las situaciones que los rodean, su actitud es también negativa, prestando mucha atención a lo que no tienen más que a lo que sí tienen, a veces reclamando abiertamente atención. Finalmente, completan el cuadro con una visión pesimista del futuro, que se vive como una prolongación indefinida del estado presente, sin posibilidades de mejorar.
Tratamiento: como se mencionaba anteriormente, las modalidades del tratamiento pueden variar. En algunos casos será necesaria la medicación, en otros el tratamiento incluirá psicoterapia individual, entrevistas familiares o de pareja, asesoramiento en temas específicos, etc. Investigaciones recientes han constatado que las técnicas más efectivas para el tratamiento psicológico de la depresión tienen que ver con modificaciones conductuales y cognitivas: se apunta a modificar aspectos de la vida de los pacientes que están contribuyendo a la persistencia y/o agravamiento de la depresión, así como a una flexibilización de la forma de pensar, que lleve a una visión más equilibrada de uno mismo, los demás y el futuro. En situaciones de riesgo de suicidio es importante trabajar en equipo con psiquiatras, evaluando los pros y los contras de una internación, o buscar alternativas como el acompañamiento terapéutico. Tanto para los terapeutas como para los familiares, es importante que tengamos una actitud comprensiva de los pacientes: no lo hacen a propósito, ellos sufren realmente por lo que están pasando, y el cambiar no depende únicamente de su “voluntad” sino de encontrar los recursos terapéuticos adecuados.
Lic. Nadia Turkenkopf
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