Lecturas
El TDAH en la infancia,
una discapacidad invisible
Madres que tienen hijos de 4 a 5 años, frecuentemente comentan a pediatras, psicólogos infantiles, e incluso docentes, frases como: “¡Es un terremoto!..., no puedo dejarlo solo un minuto”, “Rompe todos sus juguetes…”, “No se conforma con nada”, “A veces parece sordo y veces escucha el menor ruido”, “Hace un berrinche por cualquier cosa”.
Cuando las madres se quejan de un niño de 8 años o más, en buena medida repiten esas frases pero agregan: “Hacer la tarea es una lucha, siempre dice que no tiene nada que hacer”, “Cada vez que le pido algo lo deja para después y después no lo hace”, “Hay días que no hace nada en la escuela, o copia un poco y deja sin terminar”, “Sólo se queda quieto para mirar televisión”.
Y finalmente pueden preguntar: “¿Siempre va a ser así?”, o “¿No estará enfermo?”.
¿Qué es el TDAH?
El TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad), puede ser definido como un trastorno de base neurobiológica que se manifiesta por grados inapropiados de atención, hiperactividad e impulsividad.
También podemos definirlo por lo que no es: el TDAH no es un “bloqueo o problema emocional” ni un “problema específico de aprendizaje”. Aunque todos los seres humanos pasamos momentos en que no podemos concentrarnos en forma adecuada, circunstancias en que no regulamos apropiadamente la cantidad e intencionalidad de nuestros movimientos, o bien momentos en que actuamos impulsivamente, las personas que describimos con TDAH presentan en realidad una pauta de desarrollo diferente y persistente en algunas de estas áreas, aunque, no necesariamente en todas. Por eso, cuando decimos “grados inapropiados” afirmamos que las pautas de atención, impulsividad y/o actividad motora no se ajustan a la edad cronológica del niño. Es, por lo tanto, fundamental mantener un criterio evolutivo en el momento de realizar un diagnóstico.
Los niños con TDAH presentan escasa atención sostenida, o persistencia en la realización de tareas, realizando un esfuerzo para mantener la atención; por lo cual, no consiguen permanecer concentrados un tiempo similar al que pueden hacerlo otros de la misma edad. Esto se manifiesta muy claramente cuando se les pide que realicen tareas largas, repetitivas o que carecen de atractivo para ellos. Con frecuencia, indican que “se cansan” o “se aburren” con tales tareas y, como consecuencia, abandonan o cambian de una actividad a otra, sin finalizar ninguna. Igualmente, cuando realizan actividades que les resultan atractivas se distraen fácilmente, cambiando su atención hacia estímulos diferentes. Por lo tanto, aunque se les pida concentración en una tarea, y tengan interés por mantenerse atentos, no son capaces de hacerlo.
También se mueven de manera excesiva y aparentemente innecesaria para lograr los fines que desean: parecen constantemente inquietos e infatigables. Realizan movimientos tales como mover los pies y las piernas, dar golpecitos a las cosas, balancearse mientras están sentados, mientras realizan sus tareas.
¿Por qué el TDAH es una discapacidad invisible?
A pesar de que cualquier padre o maestro parece tener una clara noción de cómo se comporta un niño hiperactivo y con problemas de atención, la realidad es que el TDAH es un trastorno poco comprendido por los adultos que rodean al niño, posiblemente porque: los niños parecen para las demás personas con que interactúan, niños como los demás, comunes y los adultos esperan que se comporten normalmente (probablemente si estos niños tuvieran un problema físico visible, las expectativas serían otras), y a su vez, cuesta entender que los niños con TDAH se comportan de manera natural para ellos mismos. Esa forma es la propia de su estilo de funcionamiento, y se halla en relación con las bases neurobiológicas que regulan sus actitudes.
Es bastante común que a estos niños se los considere vagos o maleducados, como si la culpa fuera de los padres o como si dependiera de la voluntad del niño cambiar el estado de la situación. Es común también que el parámetro de comparación sean los hermanos, los amigos o los compañeros de clase, sin que se tenga en cuenta que para un niño con TDAH lograr un nivel de atención o de control en la conducta que exhiben los otros niños demanda un esfuerzo extra, en algunos casos de una magnitud tal que les resulta imposible lograrlo.
¿Qué hacer frente al TDAH?
Las múltiples dificultades que estos niños presentan en el plano social, emocional y académico hacen que el tratamiento sea complejo y deba ser planeado caso por caso para contemplar las diferentes vías posibles.
El abordaje del TDAH debe ser realizado sobre la base de un tratamiento multimodal y multidisciplinario. Suele exigir la complementación de la farmacoterapia con diversas formas de terapia psicológica y pedagógica .
Para ser efectivo todo tratamiento comprende un trabajo en equipo entre los profesionales, los padres y la escuela. Es fundamental de parte de los docentes la observación de estos niños en el aula para recomendar a los padres una consulta profesional si detecta los primeros problemas. Los profesionales deben ser especialistas en el tema y a su vez deben trabajar en equipo: por sobre todas las cosas, deben saber escuchar, explicar y orientar a los padres acerca de cómo manejar a un niño que presenta TDAH, así como tener criterio a la hora de proporcionar medicación. Los padres, por su parte, deben primero ser capaces de aceptar el problema, y luego estar dispuestos a participar activamente del tratamiento.
El TDAH es una “discapacidad invisible” para los demás pero demasiado visible para quienes lo viven.
PS. PRELAS MARIANA
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