Lecturas

La personalidad Borderline y los problemas en el control de los impulsos

En el presente artículo describiremos las características del Trastorno de Personalidad Borderline y ahondaremos en uno de sus síntomas más acuciantes: la impulsividad.

   También llamado Trastorno Límite de la Personalidad, la personalidad borderline se caracteriza por un patrón persistente de INESTABILIDAD. La inestabilidad y ambivalencia están presentes prácticamente en todos los ámbitos de la vida, haciendo que la persona tenga actitudes cambiantes: sus emociones oscilan constantemente y sus actitudes pueden variar enormemente de un momento a otro, expresándose a menudo de forma explosiva.

   Pueden presentar grandes cambios en su estado de ánimo, con períodos donde se sienten muy tristes, entremezclados con sentimientos de ira o ansiedad. Tienen una gran necesidad de recibir apoyo por parte de los demás, por lo que se desesperan y se enfurecen cuando los otros no les brindan lo que necesitan, llegando en ocasiones a cometer actos suicidas como una manera de “dar una lección”, haciendo sentir culpables e impotentes a sus familiares. Se ofenden con mucha facilidad, son impacientes y se irritan cuando algo no funciona como ellos quisieran. Con frecuencia sienten una sensación de vacío interno. Aunque muchas de estas personas poseen grandes capacidades intelectuales, sus dificultades para relacionarse con los demás hacen que no lleguen a obtener los logros laborales o educativos que se proponen.

   Quizás de todos estos síntomas, las dificultades para controlar los impulsos sean lo que más nos preocupa, tanto a los terapeutas como a sus familiares y a los mismos pacientes.

   Llamamos “control de impulsos” a todas las operaciones que MEDIAN entre el sentir y el actuar. Estas operaciones son actividades que realiza la mente, como pensar, analizar opciones, elegir, etc. A menudo una persona que no controla sus impulsos genera rechazo en los demás, que tendemos a pensar que no está poniendo suficiente voluntad para controlarse.

   Sin embargo, la experiencia interna de la persona que tiene dificultades para controlar sus impulsos suele ser muy diferente:

  • La persona sufre por su descontrol, porque es conciente de sus dificultades y de las consecuencias que éstas generan, para sí misma y para los demás.
  • Sin embargo, ante determinadas situaciones, no pueden  evitar actuar de manera impulsiva.
  • Sienten que no pueden mantener sus emociones en un nivel adaptativo: cuando éstas se disparan se transforman en incontrolables. La tristeza en desesperación, el enojo en rabia, el miedo en pánico.
  • Ante la impotencia que sienten frente a estas emociones tan fuertes, los actos impulsivos funcionan como calmantes o atenuantes del dolor: la persona se concentra por un tiempo en una acción, por más disfuncional que sea, que la “saca” del estado en que se encontraba. Los actos impulsivos pueden implicar autolesiones (como cortarse, quemarse, golpearse), consumo de sustancias –drogas, medicamentos- o alcohol, exposición a situaciones potencialmente peligrosas, etc. Generalmente luego del acting sobreviene un sentimiento de calma o de culpa, ambos más tolerables que el dolor psicológico intenso.
  • Tienen un repertorio bastante básico de sentimientos, ya que les cuesta percibir y discriminar sentimientos y sensaciones más sutiles.
  • Asimismo, les resulta difícil darse cuenta de cómo se sienten REALMENTE frente a determinadas situaciones. En muchas ocasiones los actos impulsivos son consecuencia de algún sentimiento secundario a la emoción que sintieron primariamente: por ej. enojo por sentirse abandonados (el abandono es el sentimiento primario), desesperación ante la amenaza de quedarse solos (la soledad es el sentimientos primario).

   Cómo funciona una persona impulsiva y cómo detectar posibles actos impulsivos:

  • La impulsividad es una característica de personalidad, por lo tanto está presente en múltiples actitudes de una persona. No sólo es importante conocer los antecedentes previos significativos (intentos de suicidio, ataques de ira violentos, etc.) sino otros ejemplos menos graves de impulsividad:
    • Consumo de alcohol o drogas (vinculados a y agravantes de la impulsividad)
    • Exposición a situaciones peligrosas (promiscuidad sexual, conductas delictivas, peleas callejeras)
    • Discusiones reiteradas con amigos, familiares, parejas, etc. que han llevado a un deterioro de los vínculos o a una inestabilidad en los mismos.
    • Inestabilidad laboral.
  • Prestar atención a los siguientes signos, que pueden indicar que la persona puede realizar un acto impulsivo:
    • Se siente inusualmente desesperada, muy deprimida, muy abatida y sobre todo muy desesperanzada.
    • El sentimiento de tristeza está acompañado de una intensa ansiedad.
    • La persona nos dice que “no aguanta más” estar así.

Terapia Cognitiva para el Trastorno de Personalidad Borderline

   Uno de los abordajes más reconocidos mundialmente para el tratamiento de esta problemática es el propuesto por la terapeuta norteamericana Marsha Linehan. Esta terapia combina elementos propios de la terapia cognitiva comportamental con otras influencias, como la terapia guestáltica, la terapia centrada en el cliente, la terapia psicodinámica y la terapia estratégica. El tratamiento no busca en este caso lograr la racionalidad del paciente, sino que el paciente logre un equilibrio entre su necesidad de cambiar y su necesidad de aceptarse a sí mismo, con su peculiar forma de ver y de sentir las cosas. El trabajo en la terapia sigue un plan a través de cuatro etapas:

1)   Adquisición de autocontrol

2)   Desarrollo de habilidades para experimentar adecuadamente las emociones

3)   Manejo de patrones de comportamiento disfuncionales

4)   Desarrollo de metas espirituales

   Terapeuta y paciente se comprometen en un trabajo conjunto, que apuntará a dos objetivos complementarios entre sí:

-     Que el paciente profundice su conocimiento de sí mismo, logre comprender sus reacciones y la manera en que se siente frente a determinadas situaciones. Que pueda conectar lo que le pasa actualmente con su historia y con la manera en que se ha ido estructurando su forma de ser, así como con su entorno y con sus actividades cotidianas. De esta manera sus reacciones adquirirán sentido, por más patológicas que parezcan.

-     Aprendizaje de recursos nuevos: que el paciente aprenda nuevas maneras de funcionar, a través del entrenamiento de habilidades de resolución de problemas, manejo de las emociones y de las situaciones de crisis, comunicación con los demás, comportamientos de autopreservación, desarrollo laboral, intelectual y espiritual.

   En situaciones en las que las dificultades en el control de los impulsos son muy significativas, el o los terapeutas tratantes deberán sopesar las distintas opciones a seguir. En todos los casos, es importante hacer un balance entre la necesidad de cuidado y protección del paciente y su autonomía y progresivo sentido de control sobre su vida.

   Cuando se consideran necesarios, el uso de medicación, el acompañamiento terapéutico o la internación son recursos que pueden ser utilizados.
 

   Posibles acciones por parte del terapeuta, el acompañante terapéutico o los familiares ante una situación de crisis:

  • Llamar inmediatamente a algún familiar y a los profesionales tratantes para tomar las decisiones correspondientes (por ej. internación).
  • Alejar al paciente de lugares potencialmente peligrosos (ventanas, elementos cortantes, etc.).
  • Tratar de ayudarlo a pensar razones por las que vale la pena seguir viviendo: ayudarlo a pensar que se puede llegar a vivir una vida MEJOR que la que está llevando, todos tenemos posibilidad de cambiar.
  • Antes de que haya ningún episodio, colaborar con la terapia, con tareas de registro de emociones, situaciones que predisponen a la impulsividad y demás actividades que le generen al paciente un sentimiento de control sobre sí mismo.

Lic. Nadia Turkenkopf

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