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¿Existe la depresión en los niños? 
¿ Puede un niño deprimirse?

La depresión infantil ha sido un área olvidada por la investigación, sobre la que no se han realizado estudios y para la que no se han establecido tratamientos hasta hace relativamente poco tiempo. Reconocer los signos y los síntomas de la depresión en los niños y adolescentes es fundamental para establecer un tratamiento eficaz.

Sentirse deprimido o triste es algo que le pasa a muchas personas, incluso a niños y adolescentes influyendo en diversas áreas de la vida.

Los niños deprimidos pueden manifestar síntomas en el pensamiento, en las emociones, en las conductas, además de en sus relaciones interpersonales. Los síntomas emocionales suelen incluir un estado de ánimo triste o deprimido. Aunque hay niños deprimidos en los que la irritabilidad sustituye a la tristeza, complicando la identificación de su depresión. Sus padres y docentes suelen describirlos como niños enfadados, irritables, que se molestan fácilmente y siempre están “ de mal humor”. Los pequeños deprimidos suelen estar desesperanzados y creer que nunca van a sentirse mejor o que sus vidas no van a mejorar nunca. Incluso en algunas ocasiones su desesperanza suele ir acompañada de ideas de suicidio y deseos de muerte.

Las ideas y atribuciones negativas también son frecuentes en los niños deprimidos, por ejemplo: Pedro de 10 años, jugaba en un equipo de fútbol. Cuando su equipo perdía un partido, Pedro atribuía la derrota a sus errores, como a haber perdido un pase o a haber tirado la pelota fuera de la cancha. Y cuando ganaba, seguía con ideas o cogniciones negativas “Sólo hemos ganado porque Manuel pasó la pelota atrás cuando yo me equivoqué y le hice un pase a un contrario”. Estos niños tienen una visión pesimista en general; creen que “ Si algo puede ir mal, irá mal”.

En consonancia con este estilo cognitivo negativo, los niños deprimidos suelen generalizar los acontecimientos negativos y predecir resultados negativos independientemente de las pruebas que encuentren en su contra. Sus interpretaciones negativas de las conductas de los demás, del entorno o de sus propias experiencias refuerzan su baja autoestima. Los acontecimientos positivos o las cosas buenas que les pasan, se pasan por alto o se olvidan rápidamente, mientras que las experiencias negativas se recuerdan largo tiempo como una prueba de los propios defectos.

Con frecuencia los niños deprimidos son incapaces de decir nada positivo sobre sí mismos. Por ejemplo, Clara, de 12 años, encontraba fácilmente cosas que le gustaría cambiar, pero no podía identificar algo que le gustara de sí misma.

Los niños deprimidos también experimentan una disminución del interés por realizar actividades o del placer que se obtiene con ellas. Este síntoma se pone de manifiesto en su conducta y en sus emociones. Los niños dejan de sentirse atraídos por los juegos, los programas de TV y los entretenimientos que antes le gustaban. Dicen que se aburren todo el tiempo o que ya nada les divierte. La apatía, la falta de interés por pasar tiempo con los amigos y el distanciamiento de sus pares son acompañantes habituales. A menudo se rechazan las invitaciones de los amigos para ir a visitarlos. Y las conductas de aislamiento en los niños deprimidos hacen que dejen de recibir invitaciones. De este modo, el contacto social de los niños se reduce de forma significativa, intensificando su sentimiento de soledad. Por otro lado, los niños deprimidos suelen predecir que las actividades van a ser aburridas; y este tipo de predicciones están vinculadas al aislamiento. Al mismo tiempo, la menor participación del niño en actividades placenteras perpetúa sus sentimientos de aislamiento y depresión.

Los niños más pequeños pueden tener dificultades para explicar con palabras lo que sienten, o pueden sentirse incómodos al hacerlo. Por ello, no es raro que los niños deprimidos de menos de 9 años de edad expresen su malestar a través de conductas problemáticas o impulsivas.

Algunos niños deprimidos manifiestan inquietud o agitación psicomotriz. A estos les cuesta estarse quietos sentados y no paran de moverse. Y a otros niños les sucede exactamente lo contrario; no se mueven ni corren tanto como los otros niños. Parecen cansados y sus movimientos son escasos y más lentos.

Los signos sutiles de depresión suelen ser difíciles de detectar. Con frecuencia son de naturaleza física. Los niños que no son capaces de verbalizar sus estados emocionales o no desean hacerlo suelen comunicar su malestar a través de quejas somáticas recurrentes. Dicen que les duele la cabeza o la panza, o manifiestan otras quejas físicas frecuentes e infundadas, muchos de estos niños faltan repetidas veces a clase a causa de su malestar.

Los niños deprimidos también pueden tener problemas con el sueño o con la alimentación. Estos niños pierden apetito, ganan o pierden peso, o no ganan peso a la velocidad esperada. Tienen problemas para conciliar el sueño, o se despiertan en medio de la noche o a primera hora de la mañana, siendo incapaces de volverse a dormir. También hay niños deprimidos que duermen en exceso.

Los problemas con los pares y el rechazo de los compañeros son estresares interpersonales que aparecen con frecuencia en los niños deprimidos. Los niños deprimidos suelen estar más aislados socialmente y pueden parecer tímidos. No inician ni participan en interacciones sociales, por lo que tienen menos relaciones. Algunos niños deprimidos tienen pocas habilidades sociales o pocas oportunidades para interaccionar con otros niños . Y se sienten más solos, lo que dispara aún más sus sentimientos depresivos. Si el niño está triste y llora, sus compañeros pueden burlarse de él o incluso aislarse.

Los niños deprimidos que están en edad escolar suelen desarrollar síntomas académicos, manifestando un menor rendimiento, una menor motivación y miedo al fracaso.

Claves para identificar si un niño está deprimido:

• Humor: pueden estar tristes, de mal humor, que todo les moleste e irrite, que no aguanten a nadie, etc

• Energía: estar muy cansados, todo les da fiaca, tener sueño o ,al revés, no poder dormir, tener más hambre o no querer comer

• Pensamientos: les puede costar más concentrarse, elegir que hacer ( no se les ocurre nada), muchas cosas parecen aburridas, piensan que todo es una porquería, y que ellos mismos no valen nada, que nada va a mejorar

• Conducta: dejan de hacer cosas que hacían, cada vez hacen menos, pasan más tiempo tirados en la cama o en el sillón mirando TV

• Relaciones: se pelean más en la casa con hermanos o padres, cada vez comparten menos tiempo con sus amigos

• Rendimiento escolar: les cuesta estudiar, no tienen ganas de ir a la escuela, no les importa que les vaya mal, o están seguros de que no les puede ir bien
 

Departamento de Familia y Niños
ALTUE - TERAPIA COGNITIVA

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