Lecturas

¿Por qué funcionan las parejas que funcionan?

El tema de la relación de pareja es un tema que nos convoca a todos, nos interesa, lo charlamos, nos inquieta y de alguna manera nos ocupamos de él leyendo lo que nos llega a través de distintos medios, revistas, libros, artículos en internet. Es un tema que nos atraviesa ya que de algún modo entendemos que el saber llevar adelante la vida de pareja puede ayudarnos a alcanzar la felicidad.
La psicología positiva nos dice que para encontrar satisfacción o felicidad es conveniente que seamos concientes de las situaciones que nos causan una profunda satisfacción porque la evolución nos ha preparado para ello, es decir de las situaciones en las que sentimos felicidad a causa de nuestro diseño biológico (Bus, 1999, 2000;Pinker, 1997; Zahavi, 1997; Likken, 1999). La evolución ha hecho que experimentemos una gran felicidad en condiciones favorables para la propagación de nuestra línea genética concreta. Aparearse, mantener vínculos fuertes de parentesco con otros miembros de la familia, desarrollar amistades sólidas, mantener alianzas de cooperación , vivir en un entorno seguro y fecundo, hacer ejercicio físico, desarrollar y utilizar aptitudes para actividades orientadas a metas e ingerir alimentos de calidad producen sensación de felicidad porque probablemente han contribuido a nuestra supervivencia. Se han hallado asociaciones entre felicidad y las relaciones personales significativas, la calidad del entorno en que viven las personas, su participación en actividades recreativas.
También plantea que el nivel típico de felicidad que podemos sentir a lo largo del ciclo vital, está determinado principalmente por la genética y el entorno cultural puede facilitar o limitar nuestra sensación de bienestar. También sabemos que tenemos la posibilidad de desarrollar aptitudes y organizar nuestro entorno para poder pasar la mayor parte del tiempo en nuestro punto fijo de felicidad o por encima de él. Así es como optimizamos nuestra sensación de bienestar.
Desde la psicología positiva también se han realizado investigaciones a partir de las cuales sabemos que las personas casadas son más felices que las divorciadas, separadas o solteras (Myers, 2000). Sin embargo las menos felices son las que están atrapadas en matrimonios desgraciados. También sabemos que tanto los hombres y las mujeres obtienen del matrimonio los mismos beneficios desde el punto de vista de la felicidad personal. Hay dos maneras de explicar la relación de la felicidad y el matrimonio. Una es que las personas más felices se casan y las más infelices no. Otra es que el matrimonio confiere a las personas una gama de beneficios que las hacen felices. El matrimonio ofrece intimidad psicológica y física, un contexto en el que tener hijos y crear un hogar, un rol social como cónyuge y progenitor y un contexto en el que afirmar la identidad y crear posteridad. Hay indicios que las personas más felices forman matrimonios satisfactorios.
Reflexionar acerca de la felicidad y la pareja, dedicarle un tiempo al trabajo de la relación es muy importante. Como verán tenemos fundamentos para suponer que si las personas llevan adelantes buenas relaciones de pareja tendrán mejor calidad de vida y se sentirán satisfechas. Hablamos de matrimonio para pensar relaciones de compromiso que de por sí encierran un proyecto de vida como pareja.
Aún así teniendo acceso a diversas fuentes de información las parejas sufren, no llegan a acuerdos, padecen y llegan a pensar en separarse o lo hacen concretamente. ¿Por qué no podemos poner en práctica esos consejos y cambiar la relación?

Desde nuestro modelo de trabajo cuando escuchamos a las personas que sufren a causa de su relación, vamos a escuchar cómo ha podido resolver los distintos problemas con los que se enfrenta al crecer. Las parejas no cambian muchas veces porque los individuos no crecieron, no pueden integrarse con otros las personas que primero no alcanzan a desarrollar autonomía; no se puede generar un proyecto junto a otro y pensar en dejar algo transcendente en esta vida si cada una de las personas no pudo armar su proyecto propio que le permitiría estar con otro siendo cada vez más él mismo.
Todo esto hace necesario que hoy reflexionemos sobre conceptos que se presentan como opuestos como dilemáticos y justamente el objetivo es integrarlos porque así podemos vivir mejor nuestra pareja. Esos conceptos son amor, soledad y fusión; paternidad y pareja; trabajo, disciplina y espontaneidad.

Soledad. Amor. Fusión.

Los comienzos de una pareja siempre están llenos de posibilidades, conllevan la esperanza de sentirnos completos. Me ves como antes nunca me había visto, se borran mis imperfecciones. Tú me completarás. Ser elegido por la persona que tú eliges es un deleite y genera una sensación de importancia personal muy intensa. Confirma mi valor.

A medida que la relación evoluciona, se empieza a sentir serenidad; el mundo real resurge. Entra la pareja a la intimidad.

Todos compartimos una necesidad básica de seguridad, que nos conduce, hacia relaciones que implican un alto nivel de compromiso. En el proceso de establecer seguridad, muchas personas confunden amor con fusión y esto constituye uno de los inconvenientes para mantener un vínculo sano y en movimiento ya que para mantener el ardor de la pasión hacia el otro, debe existir un puente por cruzar. Cierta distancia. Espacio entre uno mismo y el otro.  Para mantener una relación de intimidad con el que amas, debes poder soportar esta brecha y sus incertidumbres.

Esperamos que el amor actúe como una panacea para nuestra soledad existencial. Por todos los cambios a nivel social que se han dado, se han destruido muchas de las instituciones tradicionales que nos aportaban orden, significado y apoyo social. Somos más libres pero estamos más solos también, nos dice Esther Perel. La vida moderna reduce nuestros recursos y ha creado una situación en la que acudimos a una persona para que nos brinde la protección y conexión  emocional que antes nos daban múltiples redes sociales.

Al tiempo que el amor nos promete liberarnos  de la soledad, también aumenta nuestra dependencia hacia una persona.

El amor es un acto de imaginación y la intimidad es un acto de realización. Nos elegimos el uno al otro una y otra vez y así se construye una comunidad de dos personas.

Las columnas del Amor.

El amor descansa sobre dos columnas: la entrega y la autonomía. Nuestra necesidad de estar juntos coexiste con la necesidad de estar separados. Una no existe sin la otra, con demasiada distancia no hay conexión. Cuando las personas se fusionan se pierde la conexión. La conservación de la individualidad constituye una condición necesaria para que exista conexión..

En las primeras etapas de la relación, la entrega y la fusión resultan relativamente inofensivas, ya que los límites entre ambas personas están definidos externamente, todavía constituyen identidades separadas. La otredad es un hecho: no es necesario cultivar la individualidad. Pero éste es un desafío constante para personas que quieren seguir creciendo en lo personal, seguir con su desarrollo y hacer crecer también el vínculo que han creado.  

 

Recrear la pareja es crear distancia y alejarnos de la comodidad para sentirnos un poco solos. En lugar de esforzarnos todo el tiempo por generar cercanía, es importante que las parejas pueden crecer y estar mejor al cultivar los yo individuales, nutriendo la autonomía. Mayor conexión con uno mismo en lugar de pensar en distancia con la pareja, sería lo mismo.

Tenemos que saber que como nos dice H. Fernández Álvarez, la sensación de satisfacción en la vida tiene que ver con ir desarrollando el guión personal; para que la pareja sea funcional debe ser un objetivo dentro del proyecto de vida individual y un potenciador de otros desarrollos importantes para la continuidad de ese plan de vida que todos diseñamos al crecer.

Como dijimos nuestra necesidad de intimidad se convirtió en algo primordial pero a su vez la entendemos de una manera muy estrecha que nos acorrala. Nos exigimos conocernos completamente, hablar sobre todo con la pareja, tenemos la expectativa de una conexión completa.

Las condiciones de aislamiento propuestas por la vida de hoy, amplifican la inseguridad latente que se oculta en el fondo de nuestra romántica actitud posesiva.

En la cultura de lo desechable, que nos muestra que somos reemplazables, nuestra necesidad de sentirnos seguros en nuestra fundamental relación de pareja es enorme. Queremos saber que importamos, y que somos irremplazables para una persona. Ansiamos sentirnos completos y liberarnos de la sensación de soledad.

 

 La intimidad se vive como una obligación y se confunde con control. Es importante pensar que la intimidad no es algo monolítico, es intermitente y tiene altibajos hasta en las mejores relaciones. Cuando el impulso por compartir se convierte en algo obligatorio, cuando los límites personales ya no se respetan, cuando no se admite el espacio compartido y se niega, en cambio el espacio individual, la fusión y posesión sustituye a la intimidad y al amor.

Amar a otro sin perdernos a nosotros mismos es el dilema de la intimidad en la pareja. Conexión y autonomía requieren de mucho entrenamiento…

¿Puede haber amor y deseo al mismo tiempo a través del tiempo?

Podemos pensar que por un lado tenemos la necesidad de seguridad como dijimos y además existe otra importantísima que es la de la pasión. Las dos son esenciales e independientes que surgen por distintos motivos y nos arrastran en distintas direcciones. Todos necesitamos seguridad, esto es, permanencia, fiabilidad, estabilidad y continuidad. Estos instintos de echar raíces, anidar, están cimentados en la experiencia humana. Y también sentimos necesidad de innovación y cambio: que dan a la vida su plenitud y energía. Estamos llenos de contradicciones.

A lo largo de la vida de pareja podemos pensar que las experiencias a veces tienen más que ver con el amor y a veces más con la pasión o el deseo..

Por un lado buscamos seguridad y predictibilidad y por otro deseamos la mayor diversidad posible.

Todos los organismos necesitan alternar entre épocas de equilibrio y crecimiento. El desafío de las parejas modernas radica en conciliar la necesidad de lo seguro y predecible con el deseo de buscar lo excitante, misterioso y sorprendente. Buscar emoción en la misma relación en la que establecemos un vínculo de permanencia constituye un verdadero desafío.

 


 

Trabajo. Disciplina. Espontaneidad.

Cuando te atrapa el amor te sientes poderoso, sientes una emoción grande y quieres retener esas sensaciones. Sientes temor entonces decides buscar la manera de que el amor sea más seguro, tratas de sujetarlo y hacerlo dependiente. Renuncias a un poco de libertad en pos de la estabilidad. Creas estrategias de comodidad, hábitos, rituales que te tranquilizan. Ahora al domesticarla se termina debilitando la vitalidad de la relación.

Disfrutas de la comodidad y te quejas de sentirte encarcelado y así nace el aburrimiento. El amor es vulnerable. La pasión se liga al deseo, el anhelo, la ilusión. ¿Cómo crear ese desequilibrio en la relación?

La vida es un flujo constante y la inestabilidad es lo constante. Es ilusorio pensar que la relación es algo fijo y permanente y que la seguridad es algo que pueda ser controlado. El amor supone la posibilidad de pérdida.

Esther Perel nos dice que es importante entonces incorporar una sensación de desconocimiento al ambiente de lo familiar. Cuando nos encasillamos a nosotros o a nuestras parejas en identidades fijas, no deberíamos sorprendernos de que la pasión se escape. Tenemos nuevas oportunidades cuando uno de los dos rompe las reglas e insiste en incorporar a la relación aspectos auténticos de sí mismo. El acuerdo funciona hasta que un día deja de hacerlo; lo que hacían hasta aquí ya no es útil, no es funcional. Es un momento de expansión y crecimiento.

El deseo se aviva con lo desconocido. Al enfrentarnos con el otro el desafío será responder con curiosidad y aceptar que es un misterio persistente, con ganas de seguir buscando.

En nuestro trabajo con las parejas nos detenemos a que cada una de las personas puedan seguir su desarrollo individual, reconocer cuál es su proyecto de vida, desarrollarse como ser autónomo para así incorporar al vínculo la novedad. Verse como agente de cambio de eso que aburre o generar infelicidad y comprometerse con el cambio personal primero que llevará al cambio verdadero en el vínculo.

 

¿¡Se puede desear lo que ya se tiene!? Sabemos. Obtener lo que queremos también debilita la emoción provocada por desearlo. La economía nos ayuda a pensar en esto. Por un lado la ley de los rendimientos decrecientes nos dice que el aumento de la frecuencia lleva a la disminución de la satisfacción. Cuanto más tiempo utilizas un producto, menos satisfactorio será el uso siguiente. Afortunadamente la lógica de este argumento se desmorona al ser aplicada al amor, ya que se basa en la suposición errónea de que podemos tener a una persona de la misma  manera que podemos tener un par de zapatos. ¿qué te hace pensar que realmente tienes a tu esposo?

 La gran ilusión del amor comprometido es pensar que nuestras parejas nos pertenecen. Apenas podemos empezar a reconocer esto, el deseo continuo se convertirá en una posibilidad real. No hay nada como el miedo a la pérdida para que los zapatos viejos parezcan nuevos.

El argumento opuesto al la teoría del rendimiento decreciente es el  principio que indica que la inversión continua lleva a un aumento de la satisfacción. Cuanto más haces algo y mejor eres haciéndolo, más lo disfrutas. Cuanto más practicas mejor es tu habilidad. Cuanto más habilidoso eres mayor es tu confianza  en sí mismo, cuanto más confianza en tí más riesgos te atreves a correr y cuanto más riesgos corres, más excitante es el juego. Por supuesto que toda práctica requiere de disciplina y esfuerzos. No es solo cuestión de estar de humor, requiere paciencia y dedicación permanente.

También es necesario saber que el crecimiento nunca es sostenido, se puede pasar por períodos de estancamiento pero de todas las maneras la recompensa hace que el esfuerzo valga la pena. Desafortunadamente muchas veces asociamos esfuerzo con trabajo y disciplina con sufrimiento. Sin embargo hay una manera diferente de pensar el trabajo. Puede ser creativo y reafirmante y puede darnos un gran sentido de vitalidad.

Todos compartimos el mito de la espontaneidad; la espontaneidad es maravillosa. En una relación duradera, mucho de lo que va a suceder ya ha sucedido. Para trabaja por la relación muchas veces a es necesario hacer que las cosas sucedan, provocar que aparezca aquello que antes surgía espontáneamente “el no pude resistirme es ahora no quiero resistirme”.

En el matrimonio tenemos años por delante para profundizar la conexión;  para experimentar, para regresar sobre nuestros pasos y hasta para equivocarnos. Ver la relación como algo vivo, en curso y no como algo consumado. Es una historia que escribimos juntos, una historia con muchos capítulos

Por lo que vemos las relaciones de parejas modernas son calderas de deseos contradictorios nos plantea E. Perel: seguridad y excitación, sólidos cimientos y trascendencia, comodidad del amor y el ardor de la pasión… Lo queremos todo y con una misma persona. Conciliar lo doméstico y lo erótico representa un delicado equilibrio que logramos, como mucho, de manera intermitente. Alternar la unidad y la individualidad de manera armoniosa.

 

 

Paternidad. Pareja.

 La transición de dos a tres representa  uno de los desafíos más difíciles que la pareja habrá de afrontar. Tener un bebé es una revolución, cambia nuestro yo, nuestra identidad, nuestras relaciones, la pareja cambia, cambian las prioridades, los roles se redefinen, el equilibrio entre libertad y responsabilidad experimenta una profunda revisión. Todo esto se agudiza si al tener un hijo se espera más confianza en uno mismo, o una permanente sensación de felicidad ya que los niños solo complican las cosas, añaden líneas argumentales a la historia, traen temor y proyectan incertidumbre  sobre el futuro.

El énfasis se pone en la rutina, la previsibilidad y la regularidad. La paternidad requiere que seamos estables, fiables y responsables. Lo hacemos por nuestros hijos y de alguna manera por nosotros frente a tanto cambio buscamos resguardarnos creando estructura, nos convertimos en personas serias. Dejamos de lado lo imprevisible, los juegos, lo creativo, dejamos de lado el erotismo en la pareja y con eso mucho de nosotros. No podemos dejar de ser padres, aún cuando deberíamos hacerlo de a ratos.

Esta cultura del cuidado de los hijos exige bastantes recursos afectivos y materiales. Queremos ser padres perfectos y darles todo a nuestros hijos, y también queremos que nuestra relación sea alegre, completa, excitante sexualmente e íntima emocionalmente. La felicidad de la familia depende de la felicidad de la pareja. Pero como vimos cultivar la relación requiere cuidado y atención y esto compite con la paternidad de “contacto total” que se alienta.

Una vez más es importante pensar si en este dedicarse a los niños por completo no se esconden fallas en la identidad adulta, ya que los niños constituyen una fuente alimenticia para los adultos, su amor incondicional y da un gran significado a nuestras vidas. El problema surge entonces cuando acudimos a ellos para llenar nuestros agujeros personales u obtener lo que no tenemos en la pareja: sentirnos especiales, importantes y saber que no estamos solos.

Los adultos debemos desarrollar nuestras relaciones para que nuestros hijos no lleven una carga pesada, nuestras insatisfacciones y experimenten su propia independencia con libertad y apoyo. Ya que así podrán formar relaciones sanas a lo largo de  su vida.

Tener un hijo es una de nuestras máximas aspiraciones. Nos hacemos un lugar en el ciclo de la vida y dejamos una marca en la historia. Ese alguien es representante de nuestra unión. Tener un hijo es un acto puro que proporciona vitalidad.

 Las parejas tenemos una vez más que trabajar para que nuestro hijo no deteriore la relación. Aún habiendo tenido que cambiar nuestra manera de encontrarnos, habiendo insistido en hacernos lugar como pareja en la familia que creamos, tenemos que cultivar el jardín personal. Las parejas valientes y con determinación, que mantienen conexión erótica y valoran su encuentro interpersonal son parejas que pueden integrarse sabiamente a lo largo de la vida, que está regida por los cambios y estos exigen creatividad y trabajo por parte de cada uno de los miembros de la pareja.

Ser felices, mantener una buena relación de pareja, crecer y ser buenos padres es una decisión nuestra y requiere mucho trabajo y como verán habilidades específicas que si no hemos desarrollado estamos a tiempo. Es una tarea de compromiso personal que bien vale la pena realizarla para que hagamos funcionar a nuestras parejas y así a la familia.

 

Ps. Analía Binetti
Departamento de Niños y Familias
Altué- Terapia Cognitiva-

Fuentes bibliográficas: 
- “Fundamentos…” Héctor Fernández Álvarez
- “La inteligencia erótica”. Esther Perel

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