Lecturas

Cuando la dependencia en los vínculos
nos juega una mala pasada

  Al referirnos a nuestras relaciones, al establecimiento de cada uno de los vínculos que sostenemos, es interesante pensar en el concepto de Dependencia. Y más aún detenernos a conocer las implicancias de la Dependencia Afectiva Patológica (DAP), la cual tiene consecuencias directas en la vida de las personas que la sufren.

   Héctor Fernández Álvarez, creador de la Psicoterapia Cognitiva Integrativa, se ha dedicado a investigar, y a formar y entrenar psicoterapeutas para que puedan diagnosticar la DAP adecuadamente y ayudar a sus pacientes.

   El investigador nos enseña que el concepto hace referencia a una forma de relación estable entre dos o más personas que provoca acciones de consecuencias dañinas o perjudiciales para sus integrantes. Está definida desde el aspecto relacional y se refiere a una inadecuada composición del par dependencia-independencia, generada en la fase del reconocimiento personal. Es la base de una disfuncionalidad que conspira contra el logro de la autonomía y actúa como factor condicionante de cualquier trastorno de personalidad.

   Las personas sufren y sostienen una relación de dependencia afectiva, ya que optan por vivir una situación de carácter negativo antes que enfrentarse a la falta de afecto.

   Este fenómeno puede perturbar muchas áreas vitales y altera la salud mental de las personas involucradas. Resulta difícil que los protagonistas lo registren mientras ocurre, sólo se reconoce tardíamente por las secuelas. Son los terceros los que pueden reconocerla más fácilmente. Generalmente para los observadores resulta difícil encontrar razones que expliquen la persistencia de las personas en este vínculo, al que suele equipararse con conductas adictivas.

   Los participantes encuentran siempre justificaciones para permanecer en ella. Las personas aún viéndose atados a una relación que les provoca sufrimiento deciden continuar, por la ilusión de que será en el futuro la fuente de felicidad. Suelen argumentar que les provoca mucha pena abandonar al otro, les pesa todo lo que han invertido en la relación y tienen miedo de comenzar una nueva vida.

   Tener necesidades es la manifestación evidente de nuestra existencia. Desde que nacemos registramos  necesidades y ello produce dependencia; esto no es en sí mismo algo negativo.

   La dependencia es disfuncional cuando la experimentamos de manera excesiva o vivimos como necesario algo que no lo es.

   Cuando nos sentimos liberados de las necesidades apreciamos independencia, aunque ello no es en sí mismo positivo. El valor de la independencia reside en la capacidad de lograr un adecuado nivel de satisfacción de las necesidades que no vulnere la disposición a integrarnos a los demás. Es disfuncional cuando experimentamos una necesidad excesiva a prescindir del otro y nos quedamos aislados.

   A lo largo de nuestro desarrollo necesitamos la aprobación de los otros para alcanzar el reconocimiento que va consolidando nuestra identidad. El intercambio afectivo es una de las situaciones que vivimos como más necesarias a lo largo de la vida.

   Sentimos necesidad de intercambiar afectos en nuestras relaciones, se va poniendo a prueba así la capacidad de dar y recibir que poseemos.

   Los afectos, a su vez, pueden ser positivos o negativos. Los afectos positivos están asociados con la búsqueda básica de gratificación. El bienestar que nos provoca está relacionado con calidez y tibieza; así como su manifestación extrema puede generar ahogo o constricción. Al mismo tiempo, la carencia afectiva se asocia a la frialdad y vivencias de desvitalización.

   La relación afectiva óptima se encuentra en medio de los extremos antes explicados. Ésta varía individualmente, condicionada por patrones familiares y socio-culturales.

   El papel más importante de los afectos en nuestras interacciones es la de proveernos de elementos que nos ayudan a conformar nuestro sistema de seguridad personal y control sobre la realidad. Cuando nos sentimos queridos tenemos menos miedo, enfrentamos mejor las amenazas del mundo exterior y nos apreciamos con más fortaleza. El intercambio de afecto positivo genera sensación de poder en los protagonistas.

   Sin embargo, en nuestra elección afectiva no siempre rechazamos participar de experiencias afectivas negativas, elegimos esto antes de vernos expuestos a la indiferencia. Podemos preferir experimentar afectos dolorosos, aceptar condiciones destructivas antes que constatar la existencia de vacío afectivo. El miedo a verificar la indiferencia afectiva es una de las escenas más temidas del ser humano. Estos elementos pueden llevar a las personas a experimentar y padecer y sostener una DAP.

   La terapia, dice Fernández Álvarez, debe ayudar al paciente a cambiar su tendencia espontánea a confrontar con la indiferencia; se busca que el paciente acepte las condiciones emocionales y comprenda el efecto reforzador contraproducente que generan sus intentos de conmover al otro. Se impulsa al paciente a propiciar nuevas relaciones para optimizar el desempeño en el contacto interpersonal.

   El objetivo central de la terapia apunta a favorecer los cambios cognitivos que le permitan al paciente llevar a cabo la desidealización del vínculo. Ayudar al paciente a tomar conciencia y alentarlo a desarrollar su autonomía.

   Todo intercambio afectivo está expuesto a una posible separación o pérdida. A lo que más tememos en esa circunstancia es a la pérdida de control, al dolor emocional y a la desorganización personal. La sensación de que se pone en juego la identidad personal y la autoatribución de incapacidad para sobreponerse son fuentes que alimentan una DAP.

   El mencionado Doctor nos transmite que no es fácil identificar los componentes de una DAP. La explicación de este fenómeno tan complejo exige una interpretación multivariada que tenga en cuenta las características individuales y las formas particulares de interacción que sostuvieron a través del tiempo. Una diversidad de factores concurren para que esta relación pueda establecerse:

-     una disposición básica (vulnerabilidad psicopatológica) puede atribuirse a factores genéticos o psicobiológicos, y se manifiesta como retracción acentuada en la expresión emocional o búsqueda exagerada de demostraciones afectivas de los demás;

-     la acumulación de experiencias aprendidas, acontecimientos críticos o situaciones límites que exponen al individuo a pérdidas afectivas;

-     el poder de las condiciones contextuales, lucha por la conquista del otro, el ansia de poder.
 

   También aclara que, en general, los pacientes no llegan teniendo como motivo de consulta esta situación; presentan otro tipo de malestar como centro.

   Refuerza la idea que esta disfuncionalidad de la experiencia en el desbalance emocional afecta a una amplia gama de estilos de personalidad; la podemos encontrar en personas que se adhieren tenazmente a un vínculo, como en aquéllas donde existe retracción y aislamiento emocional; estas personas con marcadas dificultades para involucrarse o comprometerse pueden presentar conflictos de DAP.

   El tratamiento de cada paciente, ya sea por medio de la terapia individual, grupal o combinada, suele ser la forma más habitual de abordar esta disfunción.

   La idea de que un componente de Dependencia Afectiva Patológica está en la base de los trastornos de personalidad constituye un supuesto que deriva tanto de la experiencia clínica como de la reflexión teórica, sostiene Fernández Álvarez. Y que dicho principio debe someterse a investigación, siguiendo el camino de examinar los fenómenos que ocurren durante la fase del reconocimiento en la constitución de los significados personales.

   Es muy interesante el hecho de saber se seguirá investigando para aliviar el sufrimiento de las personas y a su vez brindarle a los terapeutas más herramientas para hacer las terapias más efectivas. 

Ps. Analía Binetti
Mat. 3177
Altué -terapia cognitiva-

Nota realizada en base al artículo “Dependencia Afectiva Patológica” escrito por Héctor Fernández Álvarez en la publicación científica “Clínica Psicológica” vol.IX-N°3 Año 2000

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